Cuando fui artista visual por allá del 2014, mientras estudiaba en el Seminario de Fotografía Contemporánea, me surgieron preguntas del tipo de, ¿qué es el arte?, ¿qué es una pieza de arte?, y ¿qué me hace ser artista? Recientemente, vi un reel de una alumna que tuve en Canon Academy, preguntándose esto último. Dos cosas me sorprendieron: estas cuestiones no pierden vigencia y responderlas no es fácil.
En aquellos años de formación artística en el campo de la fotografía, me sentía un poco avergonzado por no tener claro esto, ¿qué hace a una persona artista? No lo preguntaba porque suponía que las personas con las que me relacionaba, maestros y compañeros de formación, lo tenían claro y que todos ellos daban por hecho que yo también. Además, suponía que si les preguntaba me verían con desprecio o decepción por tratarse de un tema ampliamente abordado por diversos intelectuales desde diferentes disciplinas.
Algo que ahora entiendo es que en el campo del arte este tipo de preguntas no tienen respuestas cerradas o absolutas. Tampoco hay unanimidad en los consensos con que los actores clave definen ciertos términos como el de artista o arte. Mucho menos hay mayorías que defiendan e impongan lo que es arte o lo que es ser artista, aunque pareciera que sí, esto no pasa y, esta percepción de que es claro lo que es arte y lo que no, es cada vez más difícil de articular hoy en día.
Fer, mi exalumna, se lo pregunta de esta forma, “¿que te hace ser artista?”. A través de una cajita de preguntas de Instagram, ella nos invitó a compartir nuestras respuestas. A partir de aquí, escribiré dirigiéndome a ella:
Primero, das tres ejemplos de posibles respuestas: la práctica, la exposición y la fama. Lo que describes es casi la secuencia completa de la idea más generalizada de lo que te lleva a ser artista. Practicas una disciplina creando piezas, las expones y te haces famosa. A esta secuencia solo le falta un paso: “ser descubierta” por un jugador con poder en el arte, este paso va después de “la práctica” y antes de “la exposición”. Esta secuencia, digamos, es el cliché y es muy poco probable que pase.
Acompañándote en la dirección que propones, te comparto otra idea, es demasiado simple y sarcástica, pero realista. Esta idea la escuché a Ricardo Cuevas durante un taller sobre el arte contemporáneo y sus prácticas, él lo impartía en Gimnasio Escuela de Fotografía. Palabras más, palabras menos, él decía que para ser artista basta con que uno se diga artista, se presente como tal ante los demás y nada más. Ahora bien, Ricardo Cuevas también dijo, la cuestión es si eres uno bueno o uno malo.
Creo que es cierto, para ser artista basta con que tú te autodenomines como tal, pero lo que determina que seas una “buena” artista o una “mala” son varios factores y algunos de ellos no los controlas. Antes de continuar, dejemos atrás los términos bueno y malo para pasar a uno más adecuado: calidad. Es la calidad de tu obra la que te va a permitir ser reconocida por los demás como artista.
Y aquí, luego de lo anterior, puedes ver que hay dos partes importantes. Por un lado, está lo que tú consideras que te hace ser artista y, por otro lado, está lo que la gente considera que es un artista. Tú puedes decir yo soy artista porque hago las mejores galletas del mundo y creerlo con todo tu ser. Si esas galletas te las comes solo tú, todo bien, tú te defines como artista y tú te validas o legitimas también, no necesitas de nadie más. Ahí, tú sólo necesitas estar de acuerdo contigo misma sobre lo que consideras una galleta de calidad artística.
Luego, si tu quieres que tu familia te reconozca como la mejor creadora de galletas de la familia, tendrás que hacer que ellos consuman tu obra, es decir, tus galletas. Ahí, tu noción de calidad de una galleta artística se va a confrontar con la noción de los integrantes de tu familia. Vas a encontrar diversas opiniones, buenas, malas y regulares. Lo importante acá es que te des cuenta de algo, a menos que tu familia venga de una larga estirpe de chefs reposteros, los integrantes de tu familia no tienen el conocimiento para evaluar la calidad de tu trabajo artístico. Es muy probable que te digan “están muy buenas”, y cuando les digas el precio piensen que están muy caras o cosas así porque te están comparando con las galletas del Costco. Esto no está mal, sólo quiero señalar que la calidad que esperan de una galleta es distinta a la que tú como artista has creado.
Entonces, en este punto, tú podrías darte cuenta que necesitas la opinión de un experto. Te podrías acercar a chefs que hayan creado galletas que te gusten y pedirles que prueben tus galletas y te den feedback. Ahí ya estás frente a otro público, un público más exigente y preparado. En este grupo hay algunos con más habilidades y herramientas para entender la calidad de tu trabajo, es decir, comprenden que la noción de calidad que usan para su trabajo galletil, quizás, no aplique para el tuyo y tratarán de entender qué te lleva a proponer el tipo de galletas que estás creando, esos son los mejores.
En el paso anterior hay retos, te puedes quedar ahí para siempre, tratando de satisfacer a los chefs que opinan sobre tu trabajo. O puedes, después de un tiempo de aprendizaje razonable, enfrentar al mercado. El mercado es un lugar de intercambio de valores, buscas intercambiar tu obra por beneficios. En este sentido, esos intercambios se pueden dar con compradores particulares, instituciones, empresas, etc. Tú eres la oferta, ellos la demanda. Un museo de galletas que te da financiamiento para desarrollar algunas piezas y exhibirlas en sus salas es un cliente. De igual forma que lo es un postor en una subasta de galletas. Los dos son clientes, pero con intereses diferentes y, por lo tanto, con nociones de calidad distintas. Podrías hacer galletas para cada tipo de mercado.
Ahora bien, si volvemos a la pregunta inicial, ¿que me hace ser artista?, yo diría que puedes ser artista solo con considerarte artista, pero como explico en los párrafos anteriores, nadie puede esperar que eso baste para que los demás te consideren artista. En ese sentido ser artista podría tratarse de la búsqueda por establecer un vínculo inédito y muy específico entre tus clientes/espectadores y la forma como ellos se relacionan con tu obra.
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